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domingo, 21 de octubre de 2012
De repente me dí cuenta... era fácil permanecer escondida, aguardando el milagro de la luz en la oscuridad, agazapada eternamente bajo el mantel del comedor, escuchando atentamente todas las conversaciones.... Nadie tenía la culpa... era esa una forma inocente de protegerme y de pasar el tiempo... un silencio únicamente roto por las voces del Jazz sus cadencias y misterios...
Inmersa en él descubrí la multiplicidad de los universos, su belleza y perfección... la esperanza, la imaginación, la libertad.
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